“Maduro preso, Venezuela en transición… y Zapatero otra vez en escena”
Artículo redactado por SOS RADIO ESPAÑA | 13 de enero de 2026
El sábado 3 de enero de 2026, Caracas amaneció con explosiones, helicópteros y un silencio que no era normal. Horas después, el mundo lo supo: Nicolás Maduro había sido detenido en una operación relámpago de fuerzas especiales estadounidenses. Lo sacaron de Miraflores, lo esposaron y lo subieron a un avión con destino a Nueva York. Allí, ante un juez federal, se declaró inocente de los cargos de narcoterrorismo y conspiración. Hoy, está en prisión preventiva, lejos de su país, pero no del poder que aún ejerce desde las sombras.
En Venezuela, el chavismo no se desmoronó. Al contrario: se reorganizó. Delcy Rodríguez, hasta entonces vicepresidenta, juró como presidenta encargada. A su lado, en primera fila, estaban su hermano Jorge y Nicolás Maduro Guerra, el hijo del expresidente, conocido como “Nicolasito”. Con apenas 35 años, este joven ha emergido como figura clave en la nueva etapa del régimen. En la ceremonia de juramento, emocionado, le dijo a su padre: “Hiciste de nosotros gente fuerte. Aquí estamos cumpliendo hasta que regreses”. El mensaje era claro: el madurismo sigue vivo.
Mientras tanto, en las cárceles venezolanas, las puertas empezaron a abrirse. Entre el 8 y el 13 de enero, más de 50 presos políticos recuperaron la libertad. Entre ellos, ocho ciudadanos españoles, incluidos Sofía Sahagún —madre de gemelos detenida en octubre de 2024 por “terrorismo” solo por querer viajar a Madrid— y Alejandro González de Canales, exmarido de la activista Rocío San Miguel, quien aún espera una operación urgente tras meses con una fractura mal tratada.
¿Quién movió los hilos para estas liberaciones? Según el ministro José Manuel Albares, fue el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Pero atención: Zapatero no actuó en nombre del Gobierno español, sino “a solicitud de la oposición venezolana”, según reconoció el propio Albares. El PSOE lo defiende: “Trabaja por la paz de forma discreta”. Pero la oposición española lo acusa sin rodeos. Feijóo fue contundente: “Señor Zapatero y señor Sánchez, la historia no les perdonará. La historia les juzgará”. Y es que muchos ven en esta mediación no un gesto humanitario, sino una complicidad velada con un régimen que ha encarcelado, torturado y manipulado elecciones durante años.
La polémica se agrava porque, mientras en Italia la primera ministra Giorgia Meloni recibía a los liberados “a los pies del avión”, en España solo fue la secretaria de Estado para Iberoamérica. Pedro Sánchez no apareció. Como si la libertad de sus ciudadanos no mereciera un gesto de dignidad nacional.
Y en medio de todo esto, Donald Trump ha publicado en TruthSocial una imagen editada en la que se autoproclama “presidente interino de Venezuela”. Aunque su declaración carece de base legal, refleja una realidad incómoda: EE.UU. tiene ahora una influencia directa sobre el futuro del país. Trump incluso ha dicho que “canceló una segunda oleada de ataques” gracias a la “cooperación” del nuevo gobierno venezolano.
Pero el pueblo venezolano no celebra. No del todo. Porque sabe que, aunque Maduro esté preso, el sistema sigue intacto. Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, Nicolasito… son caras nuevas del mismo viejo aparato. Liberar presos es un paso, sí. Pero no basta. Lo que el pueblo pide es justicia, elecciones libres, pan en la mesa y el derecho a vivir sin miedo.
Mientras tanto, en Madrid, en Barcelona, en Caracas, familias abrazan a sus seres queridos tras meses de angustia. Y en Nueva York, un hombre con grilletes mira por la ventana de una celda, sabiendo que su caída no ha sido el fin… sino el comienzo de una nueva batalla.
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